Nadia se despertaba muy cansada y sin ganas de iniciar ese nuevo día, desde que se independizó hace unos meses, tras sacarse la carrera de derecho, todo le parece una cuesta arriba, que si llegan los muebles de la casa a las 11:30, que si tengo que hacer la comida…. Cosas que intentaba simplificar comprándolas precocinadas para no perder tanto tiempo ya que estaba todo el día en su trabajo liada con tantos casos de corrupción sobre determinados concejales de municipios de España.
Salió de su piso en Lavapiés
con el coche para llegar al parking subterráneo de la Calle Fuencarral, dónde
estaba el bufete de abogados en el que trabajaba.
Al entrar, ve en el suelo un rastro de manchas de sangre provenientes del despacho de su jefa Martina. Nadia avanza hasta la puerta del despacho y mira por el filo de la puerta, observa a su jefa metiendo un cuerpo en una gran bolsa de basura. No se lo piensa y entra, pilla desprevenida a su jefa y esta pega un grito. Nadia la tranquiliza y la empieza a preguntar por lo ocurrido con la muletilla constante "no diré nada".
Su jefa, contemplando el rostro pálido de su empleada, comienza a relatarle lo sucedido aquella mañana: El cadáver que ve es el cuerpo del exmarido de Martina quién la agredía a diario y por ese hecho se separaron, esta misma mañana, se presentó en el bufete para recriminarla sobre la custodia de su hijo, se le fue de las manos y empezó a pegarla, Martina le lanzó una grapadora a la cara, este aun recuperándose del golpe intenta ir a echarla al suelo pero Martina le golpea en la cabeza con una pequeña estatua de la justicia (de la diosa Themis) y lo abre la cabeza, dejando un cuerpo sin vida del que era su marido.
Asimilando la situación, ambas
se ponen nerviosas al escuchar el timbre. Martina se acerca a la mirilla y ve
que es el comisario Javier Ruíz, mal día para ir a recoger una orden de
registro domiciliario para un caso. Nadia le hace un gesto a su jefa para que
se vaya a abrir al comisario mientras ella se encarga del cadáver. Martina abre
la puerta y saluda con formalidad al comisario, le lleva al despacho de Nadia y
este se queda extrañado al no ir al despacho habitual, Martina se da cuenta y
se atreve a decir que estaba reorganizando el despacho principal y haciendo una
limpieza de archivos. Los dos entran en el cuarto y se ponen al cometido del
documento que necesitaba el comisario.
Nadia, arrastra el cadáver, sin ser vista, por todo el pasillo hasta llegar a la puerta, abrir, entrar al ascensor que costaba no quejarse de sus ruidos, y llega al parking subterráneo. Allí saca de su bolsillo del pantalón las llaves de su Seat Ibiza y abre el maletero intentando meter el cadáver. En ese momento, Manuel, inspector de la policía nacional española y acompañante del comisario, estaba apoyado en el capó de su vehículo reglamentario. Él se acerca al ver a Nadia intentando cerrar el maletero, pero el gran bulto de la bolsa se lo impedía, él se acerca más y la pregunta: “¿Qué es eso?” ella se calla y le mira fijamente, consigue apartarla del vehículo y dejarla en la puerta lateral trasera del vehículo, abre el maletero mal cerrado y observa impactado la gran bolsa enorme. Cuando va a dirigirse a ella, Nadia por miedo a que las descubriesen le atiza con el antirrobo del coche, que siempre se le olvidaba poner y estaba en la parte lateral dentro del vehículo. Ella coge el cuerpo inconsciente del policía y lo mete junto a los asientos de atrás. Nadia avisa a su jefa para que baje y ella les espera en frente del ascensor al parking, cuando bajan, el comisario le pregunta a Nadia si ha visto a su compañero que tendría que estar cerca del coche patrulla, ella, se inventa de que un hombre, que debería ser su compañero, había salido corriendo tras un chaval que estaba pintando unos grafitis un tanto ofensivos en la puerta de un Roll Royce Phantom negro muy llamativo del que se encontraba en el parking con dichas pintadas, Martina fue lista y usó un spray que tenía en el coche por su mudanza para hacer la cuartada que la salvase.
El comisario llama por radio a su compañero y no responde, extrañado y confundido, procede a esperar a su compañero en el parking mientras ellas se montan en el Seat de Nadia y ponen rumbo al embalse de Atazar, donde arrojarán los cuerpos y se preguntarán qué van a hacer tras lo ocurrido.
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